Cuando pienso en mi futuro y en mi forma de hacer las cosas, siempre aspiro a una especie de ideal de perfección. Cuando me miro con ese filtro, quiero comportarme de manera intachable y ejemplar, y criar unos hijos (que ni tengo) modélicos que serán llamados a iluminar el camino del mundo, contribuir a un nuevo futuro brillante e inspirar a todos a alcanzar nuevas cotas de compasión, amor, servicio mutuo, colaboración, creación, progreso, libertad, respeto, conocimiento, realización, consciencia,... en fin, todo lo imaginable. Y sin embargo, ¿a quién le importa? No va a caer ninguna nube de benignidad sobre el mundo, y de hacerlo, solo soy capaz de imaginarla tan unificadora y neutralizadora de la variedad que me dan escalofríos. Nuestro impacto es mínimo, apenas somos capaces de influirnos a nosotros mismos y soñamos con influir al universo. Pero no es ya por eso. Es, simplemente, que ser egoísta al final es igual de válido, uno puede ser tan dejado como quiera y todo se va a ir al garete igual. Comer y rascarse puede ser suficiente, aunque sea en medio de una pocilga. Pero cualquiera prefiere usar la vajilla limpia. Por eso hay que fregar. Necesitamos tener dónde ensuciar.
Hace tiempo tenía un diario. Ahí empecé a escribir mis sueños, entre otras cosas. Llegué a apuntarlos frecuentemente. Con el tiempo, empecé a dejar de escribir lo que me pasaba y mis reflexiones, pero seguí escribiendo los sueños que tenía. Así, pasó a ser, más bien, un diario de sueños . Con el tiempo, también abandoné esa costumbre. Lo he comprobado: el último sueño apuntado en racha se quedó en abril de 2016. Después, unas pocas notas esporádicas, hasta agosto de 2018 (y una más, solo una, en 2019). Muchas veces, desde entonces, he soñado cosas que he contado a alguien, o que me guardaba celosamente, y me solía decir que debería volver a escribirlas en el diario de sueños, pero no lo hacía. Muchas veces recordaba los sueños a primera hora y, por no apuntarlos enseguida, volaban al olvido, horas después. Esta semana, por lo que sea, he podido recordar y recoger, bien y pronto, varios sueños, con lo que he vuelto a guardarlos con cierto orden. Esta vez -de momento y para variar- en ...
Ese existencialismo puede contener empatía hacia quien sufre y albergar un deseo sincero de ayudarle en la travesía de la existencia. ¿Ayudarle a qué? A ser más feliz y tener una vida más plena.
ResponderEliminarPara mi, simplemente eso, el ayudar a los demás, ya le da sentido a la propia vida. Aunque no haya nada más después.